13 de septiembre de 2011

Mykonos, si Homero levantara la cabeza

Cuando crees conocerlo todo de antemano, cuando ya te has aprendido de memoria varios nombres de "lugares de interés turístico", entonces el barco arriba a un nuevo puerto y vuelves a sorprenderte de que el mundo sea aún un lugar hermoso. Al proyectar el itinerario del viaje, estuvimos a punto de descartar Mykonos por culpa de un reportaje de la tele en el que la presentaban como una nueva Ibiza, reducto de guiris chancleteros y macrodiscotecas chunda-chunda. ¡Qué aliviados nos sentimos ahora por haber decidido ir!


En menos de dos horas de travesía desde Naxos desembarcamos en Mykonos. Coger un ferry en las islas griegas es como coger el bus. Recoges las mochilas en el hostal y, si te hospedas lejos, l'amo te acerca hasta el muelle en coche. Entonces compras el billete, subes al barco y zarpas. Sin controles interminables ni colas para embarcar. Esta agilidad en el transporte marítimo es lógica si pensamos que Grecia tiene más de cien islas habitadas.


La llegada a la casa de huéspedes desde el puerto fue agotadora. Nos perdimos un buen rato buscándola en un laberinto de callejuelas cargando con las mochilas. Cuando al fin la encontramos, nos duchamos rápidamente y nos lanzamos a perdernos de nuevo por el amasijo de estrechos callejones que serpentean entre casas de muros de piedra encalados y diminutas iglesias. En cada rincón brotan las buganvilias y los gatos dormitan perezosos bajo su sombra. Perderse es inevitable. Por si no fuera lo suficientemente irresistible el encanto de Mykonos, el blanco inmaculado de la cal contrasta con pinceladas de todos los azules del mar en puertas y ventanas. Así es Mykonos, azul y blanco, como el resto de las islas Cícladas, con su potente luminosidad y la inmensidad de su cielo que tanto alegra los días.


Al ponerse el sol, andamos hasta la llamada "pequeña venecia". Es una diminuta bahía cerca del muelle viejo, constantemente golpeada con furia por las olas. Para encontrarla sólo había que caminar contra el meltemi, el viento marino que siempre sopla airado desde el mar en esta isla. En un extremo, un grupo de casas parece hundirse en el mar, y en el otro, hay una hilera de molinos luchando contra los vientos. Los bajos de las casas son elegantes bares de copas a ras del mar con buena musiquita. Sentarte en uno de ellos al atardecer es muy tentador pero un lujo excesivamente caro. Mykonos en general lo es, aunque hemos podido sobrevivir a base de gyros, un tipo de establecimiento típico donde sirve platos muy sencillos de cocina griega y turca.


El segundo día de nuestra llegada, alquilamos una moto para conocer el resto de la pequeña isla. Además de la capital portuaria de Mykonos, hay otro pueblo llamado Ano Mera, ajeno al ajetreado trasiego de cada verano. Tiene un monasterio muy bonito que bien merece una visita entre playa y playa. Por cierto, sólo tuvimos tiempo de disfrutar de dos, bellas y salvajes aunque invadidas por las tumbonas. Una de ellas es la famosa Paradise en la que se encuentra el club Tropicana, un chiringuito muy loco parecido al Bora-Bora ibicenco, quien haya estado allí lo entenderá, je, je.


El viajero que al llegar a Mykonos en verano espere escuchar la voz eterna de Ulises, imbatible frente a los siglos, que se olvide. Escuchará a David Guetta antes que a las antiguas historias de los héroes de la Ilíada cantadas por Homero. En Mykonos hay fiesta, y mucha, lo que ocurre es que nosotros por suerte hemos llegado tarde a esa fiesta, que terminaba al inicio de septiembre. Aún así, nos hubiera gustado encontrar muchos menos turistas y disfrutar de la isla en soledad, sin oír nada más que el viento y el rumor de las olas, somos así de egoístas.

2 comentarios :

Anonymous dijo...

La verdad es que existen dos Mykonos totalmente distintas, me alegro que hayáis optado por visitarla y que la locura fiestera ya esté de capa caída.
Disfrutad mucho del viaje..
Yo me metía en el blog a través del facebook y me extrañaba tanto que no hubiérais escrito nada...Se ve que el link no va bien.
Un besito y disfrutad el resto del viaje, espero que las tierras turcas os dejen tan maravillados como las griegas.

Marta&familia

Martita esperará a que volváis para salir..

Katiana Marí dijo...

Ya me extrañaba a mí, tú que siempre lees los blogs. Un besito y dile a Marta jr. que nos espere!