29 de octubre de 2007

Kathmandu, un espejo en el cielo

La llegada a Nepal fue un espectáculo sobrecogedor. Desde la ventanilla del avión nos rodeaban los ochomiles, las cimas del mundo, sobrepasando las nubes y ofreciendo pura belleza a los ojos de unos simples turistas. Hasta mediados del siglo pasado, Nepal era un reino secreto, aislado del resto del mundo por las cumbres más altas de la tierra, y Kathmandú una ciudad prohibida para los extranjeros. Quizás por eso aún hoy en día la envuelve un cierto halo de misterio. La ciudad está enclavada en un valle protegido por los picos del Himalaya, la muralla más inexpugnable que uno pueda imaginar y que suele esconderse tras la niebla. Se ha extendido alrededor de tres núcleos urbanos de origen medieval: Patan, Bhaktapur y la vieja Kathmandú. Los tres fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y las razones son obvias: son un conglomerado de magníficos palacios, santuarios y templos budistas e hinduistas, uno detrás de otro y sin posibilidad de recuperación ante tanta belleza y esplendor.


Después de haber estado varias semanas en India, Nepal ha sido una bocanada de aire fresco. Poca gente he conocido tan humilde, amable, hospitalaria y generosa con las sonrisas como los nepalíes con los que he tratado de momento. Nos hemos hospedado en Thamel, el barrio de los trotamundos y viajeros popularizado por los míticos hippys de los setenta que poblaban Kathmandú de pipas de marihuana y flores psicodélicas. Hoy sigue siendo un refugio para mochileros mucho más exagerado que el Paharganj de Delhi. Thamel es un microcosmos creado por y para los turistas con cientos de hoteluchos, casas de huéspedes y algún que otro hotel de categoría, restaurantes de comida basura, supermercados con productos europeos, pubs ingleses y sobretodo innumerables tiendas de material de montaña. Aquello parece Trekkinglandia. Es un mini Nepal hecho a la medida del turista para que pueda prepararse para un largo trekking sin tener la sensación de haberse marchado de su casa. Los barrios como Thamel, el Paharganj de Delhi, el Khao San Road de Bangkok...  contradicen la esencia de viajar, aunque hay que reconocer que, después de varias semanas sin excesivas comodidades, unos días en Thamel han sido gloria bendita.


Entre ayer y hoy nos hemos dedicado a recorrer las calles de la vieja Kathmandú donde el paso del tiempo no parece haber dejado su huella. La ciudad se despierta cada amanecer iluminada por la misma luz pálida y suave de siglos atrás, cuando el mundo era joven aún. Desde Tahiti Tole desembocamos en Asan Tole, la calle principal de la zona comercial más antigua de Kathmandú, de donde antaño partían las caravanas que atravesaban el Himalaya hasta llegar al Tibet. Desde entonces, un aire antiguo y remoto sigue flotando en esas calles. Las recorrimos lentamente, atentos a las maravillas que nos podía deparar cada esquina, cada rincón. Las calles estaban repletas en un constante ir y venir de gente de diversas etnias, desde la tez morena y mirada profunda a los ojos rasgados orientales. Los ancianos se reunían junto a las puertas de las casas para jugar a cartas mientras los niños correteaban de un lado a otro saludando insistentemente a nuestro paso. Hello mister, hello madam!-repetían entre carcajadas. Una niña muy bonita se me acercó tímidamente para regalarme una flor y yo me desencajé ante tanta dulzura e inocencia. Los vendedores, en sus modestas tiendecitas, ofrecían su mercancía: ristras de flores, te, pequeños instrumentos musicales, juguetes de madera, menaje de cocina, artículos de bronce y latón…


Inevitablemente nos perdimos sin que nos importara lo más mínimo. El laberinto de viejas callejuelas adoquinadas nos condujo hasta un lugar realmente especial, la estupa de Kathesimbhu, donde antiguamente los viajeros recibían la bendición de los dioses antes de atravesar el Himalaya. Eran otros tiempos, otro mundo en el que siempre había horizontes por descubrir y la aventura era aún posible. Imagino el miedo antes de partir, la ilusión, la esperanza y el temblor ante el abismo, para abrir caminos en territorios inexplorados por el hombre sin planos ni mapas, sin internet ni Lonely Planet. Da escalofríos sólo de pensarlo pero a la vez un cosquilleo de emoción me recorre el cuerpo.


Terminamos nuestra ruta cerca de la neurálgica Indra Chowk, en una de las entradas de la plaza Durbar. Todas las ciudades del mundo deberían tener una plaza como ésta, tan llena de vida y de belleza que te deja sin aliento. La plaza Durbar es un pedazo de cielo que ha caído en la tierra. En realidad está formada por tres plazas unidas entre sí por diversas calles, constituyendo el centro religioso y gubernamental de Kathmandú. Es un inmenso conglomerado de palacios, patios y templos de arquitectura newarí caracterizada por la abundancia de ladrillo rojo, adoquín antiguo, intrincadas tallas de estuco y madera profusamente labrada en puertas y balcones.


Cuentan las leyendas que en Kathmandú viven más dioses que hombres y ciertamente lo creemos después de haber estado en la plaza Durbar. Entre un centenar de templos, no es extraño sorprender en una esquina a una mujer postrada con un manojo de varillas de incienso, unos niños jugando junto a un dios de aspecto diabólico o una vaca sagrada entorpeciendo el tráfico. La religiosidad lo impregna todo. Concentrados en torno a la plaza Durbar, hay varios templos verdaderamente increíbles: Kasthamandap, Taleju y el palacio Hanuman Dhoka, con su imponente puerta custodiada por dos leones. Hay tanto por ver, tantas maravillas, que la vista se pierde.


Entre todos los templos, cada uno dedicado a una divinidad diferente y a cada cual más bello, nos llamó especialmente la atención el Kumari Chowk, la residencia de Raj Kumari. ¡Una diosa viviente! La Kumari no es más que una niña considerada la reencarnación de la diosa Durga. Su divinidad dura hasta la pubertad y en ese momento se incorpora a la vida social, como una niña nepalí cualquiera, mientras se busca a la nueva reencarnación de la diosa mediante un antiguo proceso de selección. Hasta entonces, raramente aparece en público y no puede ser fotografiada. Pues resultó que justo en el momento en que entramos nosotros, un tumulto de gente se arremolinó en el patio con gran expectación. Nos acercamos a curiosear y allí estaba ella. La diosa viviente asomaba su cabecita por un balcón y sonreía. ¡Era cierto, es sólo una niñita! Fue algo muy curioso, una gran casualidad ya que apenas se deja ver. ¡No todo el mundo puede decir que ha visto a una diosa!


Comimos en una terracita situada en lo alto de un viejo edificio, mientras disfrutábamos de una privilegiada panorámica de la plaza y de todo el movimiento incesante a su alrededor. El sol ya empezaba a caer y su luz se iba haciendo más intensa y dorada. De vez en cuando, cientos de palomas alzaban el vuelo a la vez, azuzadas por algún perro, y al poco rato volvían a posarse con suavidad sobre los imponentes templos. Era una atmósfera antigua y remota, centelleantes partículas de magia flotaban suspendidas en el aire.


Ya entrada la noche, hemos pasado por una agencia de viajes recomendada en los foros de internet para contratar un trekking. Negociamos para que nos bajaran un poquito el precio y… voilà!. Así que mañana empezamos un trekking de tres días por el valle de Kathmandú, ya que no disponemos de suficientes días para hacer uno más lejos y más largo. En la agencia nos han asegurado que disfrutaremos, aunque sea un trekking cortito. Pasaremos por pueblecitos, ríos, bosques... y además tendremos unas vistas maravillosas del Himalaya. Bueeeeno, ya veremos, ya veremos... Nos han presentado también al guía que nos acompañará. Se llama Mahesh y chapurrea un poco el español, aunque la verdad es que nos entendemos mucho mejor con él si hablamos en inglés. El precio incluye dos noches de hotel, las comidas, el guía y el porteador, sí, un porteador. Cuando le hemos dicho al señor de la agencia que no necesitábamos porteador nos ha respondido que no había opción así que Riz, que así se llama, cargará durante todo el trekking una mochila con todo lo necesario. Nos resultará extraño lo de ir haciendo senderismo sin llevar peso, como dos señoritos, pero al fin y al cabo todas las expediciones en Nepal, por pequeñas que sean, siempre van acompañadas de sherpas y porteadores. Con lo que a nosotros nos gusta el senderismo y yendo tan cerquita de Kathmandú, quizás no hubiera sido necesario gastar dinero en un guía, pero hemos preferido ser precavidos, no vaya a ser que nos perdamos por la montaña y salgamos en los telediarios. Qué susto nos íbamos a llevar, eh?

6 comentarios :

Anonymous dijo...

Hola chicos!!!


Nos alegra que finalmente ya esteis en el pais de los 8000. Que envidia que nos dais, esperemos verlo pronto nos nuestros propios ojos.
Que todo vaya muy bien en el trekking.

Nos vemos pronto.

Saludos.

Anonymous dijo...

Disfrutarlo mucho pero no olvideis que los del país de la ñ os queremos volver a ver enteros ,besitos de parte de los romanos y de los "Corleone"

Marta dijo...

Parece ser que todo es precioso y lo estáis viviendo muy intensamente. Nosotros ya os echamos de menos y Tomeu debe creer que lo habéis dado en adopción...pobrecillo!!
volved pronto !a que tenéis ganas de comer pa amb oli ? Paellita ? mmmm!
besitos

Germán dijo...

Bueno nosotros subiremos un 8....cientos por la Tramuntana que no es lo mismo pero por lo menos nos quitamos el gusanillo. Menudas fotos vais a hacer por allí. ¡Ojito con los puentes!!! lo que vosotros no podréis es comeros una buena lechona después de patear, el sherpa ese os dará arroz blanco pasado con un poco de carne de Yak.
Un abrazo.

leyre dijo...

holaaa!!!
por aquí estamos maquinando que ya os queda poco..jejje, vuelta a casa y a vivir del recuerdo, que seguro que mucho os queda, por los menos muchas muchas fotos...ya las veremos..
bueno, eso de kathmandu suena muy bien, haremos un planteamiento para el año que viene..eso si javi no me obliga a ir a marina d'or ciudad de vacaciones...mamá dice que ni una cosa ni otra, que a algaida el año que viene...bueno, sin comentarios, cosas suyas, ya la conoceis...
hoy para celebrar todos los santos hemos comido lechona asadita..mmm,con champis y boniatos..bueno, es que no tenemos mucho más que contar..
javi, dice javi que apretes el culo bien, para que no salga nada y que hagas uso adecuado de los medicamentos...jeje, muchos besos, ya tenemos ganas de veros

Javi dijo...

MMMMMMMM!!!!
Pagaria todas las rupias que me quedan en el bolsillo por esa lechona!!!
Ve poniendo una en el horno que ya llegamos!