15 de septiembre de 2013

Machu Picchu, una puerta al cielo

Eran las seis de la mañana y la espesa niebla matutina empezaba a diluirse. Caminamos unos pocos metros más por un empedrado camino para ver por primera vez lo que tantos días llevábamos buscando. Y apareció ante nosotros, la legendaria ciudad de los inkas, Machu Picchu. La respiración, agitada por la abrupta caminata y la altitud, se detuvo. El corazón dejó de bombear durante un instante sobrecogedor. Poco a poco la sangre volvió a circular a la vez que nuestros ojos se iban fijando en las montañas, los muros de piedra, los bancales... Pues sí, el Machu Picchu realmente impresiona, sin importar las veces que lo hayamos visto en fotos o cuánto nos hayan contado.


Y si el otro día escribíamos desde Cuzco... ¿cómo llegamos hasta Machu Picchu? ¡Pues a patita! Contratamos en una agencia local de Cuzco a un precio baratísimo el llamado trek de Salkantay, de cuatro días de duración, que finaliza en Machu Picchu. Y ahora que todo ha terminado podemos decir, sin duda, que valió la pena. Pero no nos engañemos, algunos momentos han sido muy duros: horas y horas de caminata, avanzando lentamente y respirando el aire enrarecido por la altitud. La falta de oxígeno convierte cualquier esfuerzo en un escollo titánico para quienes venimos del mar. A cuatro mil metros de altura, el sol era abrasador y por las noches de cielo estrellado el frío nos helaba los huesos cuando acampábamos. Más de una vez, removiéndome en mi saco de dormir intentando conciliar el sueño, me pregunté qué puñetas hacía yo allí. Pero cuando alcanzamos el paso de Salkantay a 4.600 metros, lo recordé de pronto: Sí, se trataba de esto, de sentirte vivo.


Al haber contratado el trekking a través de una agencia, formábamos parte de un grupo de montañeros muy heterogéneo: australianos, francosuizos, británicos de origen indio y unos chicos de Arizona muy majos. Los dos últimos días fuimos bajando de altitud y nos sumergimos en un paisaje cada vez más verde y húmedo que anunciaba la proximidad de la selva amazónica. Finalmente, llegamos a Aguas Calientes. Es un pueblo feísimo, situado a unos pocos kilómetros bajo el Machu Picchu, que sirve de descanso a quienes llegan para visitarlo al día siguiente. Allí pudimos dormir sobre un colchón y darnos, por fin, ¡la ansiada ducha con agua caliente!


A la mañana siguiente nos adentramos en ese laberinto de muros antiguos y enigmas de piedra, sumido durante siglos en el olvido y la soledad. En Machu Picchu se desbordan las preguntas que hemos ido acumulando desde que al llegar a Cuzco empezamos a recorrer el legado de los hijos del Sol. ¿Cómo construyeron semejante ciudad en un lugar tan inaccesible? ¿Cómo pulían esos tremendos bloques de piedra sin herramientas de hierro y acero? ¿Porqué la abandonaron sus habitantes? Algunas respuestas se hallan aquí, otras seguirán diluidas para siempre en la bruma vespertina que empapa las piedras de Machu Picchu.


La belleza y la grandiosidad del entorno que rodea a Machu Picchu deja sin aliento. No hay duda de que los inkas amaban la naturaleza cuando decidieron honrar aquí a sus dioses. Vista desde lo alto, la ciudadela parece sostenerse de milagro en un frágil equilibrio sobre el precipicio y, sin embargo, ha desafiado a los siglos y a la selva que intenta engullirla.


Machu Picchu es uno de esos lugares en el mundo que irradia una extraña fuerza. Uno de esos lugares en los que nuestros ancestros nos miran y nos reconocemos en ellos, en sus inquietudes, en sus sueños imposibles como el de construir una ciudad que tocara el cielo, que nos acercara a los dioses. Y es que existe una energía primigenia, telúrica, que brota libremente de la tierra en ciertos enclaves mágicos como éste construidos por el hombre: las pirámides egipcias, el Partenon, Stonehenge... Que sí, que sí, estoy de acuerdo, toda esta palabrería suena muy mística leyendo sentaditos frente al ordenador y no, no he fumado nada. ¡Pero si hubiérais estado allí pensaríais lo mismo!

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Jo assegut devant l'ordinador... el que sent es que m'agraderia estar aqui en vosoltres... sentint aquestes vibracions especials, aquesta extraña força que us envolta. Son massa les persones que m'ho han dit. Serà questió de anar a comprobar-ho.

Bona ruta!!

Una abraçada,
Miquel i Ara

Anónimo dijo...

Aguas calientes feo pero que desempeña su cometido. Aguas calientes para ducha reconfortante tras trekking.

Magnífico relato, se echan en falta algunas fotos...

Un fuerte abrazo.

Katiana Marí dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Leyre nuñez dijo...

y pensar que no conocían ni la rueda!! sí, es mágico y tiene un punto de sobrenatural no?, quizás la explicación esté más allá de nuestro mundo...allá pasadas las estrellas...;))
también echo en falta algunas fotos
besos a los dos

satxos dijo...

Molt de cansament però segur que en arribar a Macu Pichu tot agafa sentit... ;)

Anónimo dijo...

Éstáis impecables! Ningú no diria que heu caminat tant... :)
Neus.