Pues al final hubo lluvia. Hubo lluvia y también tormentas con sus truenos y relámpagos. Amenazantes nubarrones grises y hubo también soles abrasadores. Brillantes cielos azules abriéndose paso entre las nubes y cocoteros meciéndose suavemente con la brisa. Y hubo rojos atardeceres y apacibles mares de todos los azules del mundo.
Nada más aterrizar en Krabi nos metimos en un autobús que en poco más de una hora nos llevó hasta Ao Nang, el muelle de donde zarpan con frecuencia los long boat (barcas de proa larga) hacia Rai Leh ¡y aquí estamos! Rai Leh es un pequeño cabo al que sólo se puede acceder por mar compuesto por tres playas y un manglar. El entorno es una hipnotizante fusión de playas de agua cristalina rodeadas por gigantes peñascos dentados de piedra caliza. Nos hemos alojado cinco noches en una cabaña de madera frente a un manglar, absolutamente dedicados al hedonismo: comiendo pescado, bebiendo daikiris, jugando con monos saltarines y nadando en un mar turquesa mientras contemplábamos embobados los asombrosos riscos calizos.
De vez en cuando nos levantábamos de la hamaca para recorrer un poco la zona. Nuestro primer día en Rai Leh alquilamos en la playa un kayak para costear los alrededores. El segundo día contratamos una excursión hasta las paradisíacas Ko Phi Phi pasando por Ao Maya, donde se rodó la peli de Di Caprio, inconcebiblemente bella. ¡Incluso con lluvia! Allí cerca fondeamos la barca en un arrecife de coral para hacer snorkel entre exóticos y coloridos pececillos.
Ayer llegamos con un long boat hasta un istmo de arena que une tres islas, bueno, aquí a cualquier roca con dos palmeras que emergen del mar le llaman isla. Era un paraíso que nos recordaba un poco a S'Espalmador de Formentera. Hoy hemos recorrido en barca la bahía de Phang Nga hasta la isla donde rodaron aquella peli de James Bond, un lugar tan bello como extraño. Grandes formaciones cársticas de piedra caliza emergen del mar a lo largo de la costa, como una gigantesca y sinuosa fortaleza recubierta de jungla.
Aún nos queda pendiente para mañana un cursillo de iniciación a la escalada por los afilados acantilados de Rai Leh, un último chapuzón y luego tren nocturno de regreso a Bangkok, donde pasaremos unos días mercadilleando y gastando los últimos baths. ¡Que esto no se pareee!




